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Cumple hoy 100 años la Iglesia Cristiana Evangélica de Alta Gracia

por Gabriela Monqaut

Antiguamente la I.C.E de Alta Gracia empezó su obra de evangelización en una casa particular de casa España esquina Urquiza de está ciudad. Más tarde, una señora donó un terreno baldío en Avenida Belgrano 485 a la fundación de Mayordomos de BS As. Ellos edificaron el salón del templo que se inauguró el 17 de Mayo de 1920. Allí comenzó su obra de evangelización la actual iglesia que hoy cumple 100 años. Con el tiempo se hicieron mejoras y refacciones en el frente y en fondo de la iglesia: baños, cocina, biblioteca y más recientemente un salón en el fondo para reuniones especiales. Económicamente y sin fines de lucro, la iglesia se sostiene con ofrendas de los miembros que asisten a la congregación.

Dice Romina Zejdlik:

Hoy cumple nada más y nada menos que 100 años mi segunda casa. Mi mamá, mis hermanos y yo prácticamente abrimos los ojos allí. Mi papá entró por sus puertas a los 12 años para nunca más salir. Hoy, con sus 73, aún permanece y pertenece. Él es el primero en llegar para esperar a los hermanos y predicarles la palabra de Dios. A esto lo ha hecho “religiosamente” durante 40 años.

Ella pasa desapercibida porque es pequeña y modesta aunque esté en el centro de la ciudad y sea la más antigua de todas. Incluso muchos han preguntado sorprendidos: ¿Qué…, ahí hay una iglesia? sin darse cuenta del monumento ancestral.

A lo largo del tiempo, la han azotado lluvias, vientos, incendios, tempestades, huracanes, “reales y espirituales”; pero sus cimientos siguen firmes allí, sostenidos por el Arquitecto Divino.

Además de ser una reliquia ha sido, como lo es para mí, el hogar de mucha gente; la mayoría, de paso por su alfombra roja que recorre todo el local; para recordar a quienes la hemos caminado miles de veces, que la sangre preciosa de Jesucristo nos limpia de toda maldad.

Tanto misioneros de renombre como gente común y corriente han sido parte de esta casa espiritual. Con sus vidas escribieron un trozo de la historia, de la cual yo también tengo la enorme bendición de hacer y narrar.

Qué poquitos somos le cuchicheó una vez mi abuela Julia a mi mamá, en medio de la predicación creyendo no ser oída; pero sus palabras transpasaron inevitablemente las paredes y hoy aún se escuchan y se repiten. Somos poquitos, sí, y repletos de imperfecciones pero perdonados por nuestro Salvador quien es el centro y el anfitrión de cada una de nuestras reuniones humildes y sencillas.

Mi segunda Casa, el local, la iglesia, hoy está deshabitada sin poder albergar(nos) en el día su aniversario. Pero nuestros corazones no están vacíos del gran amor y misericordia del Señor Jesús quien ha mantenido encendida su vela, su lámpara, su luz por un siglo.

¡Felices 100 años iglesia querida!

Romina Zejdlik

P/D doy gracias a Mi Dios por poder contar una porción de su historia; a mis padres y a mi abuela María por dejar sus huellas de fe en mi vida.

Romina Zejdlik

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